Por Damián Juárez 

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Mauricio Macri descansará hasta el 8 de enero en las cabañas Cumelén de Villa La Angostura, ciudad neuquina que también eligió para sus vacaciones la argentina Máxima Zorreguieta, actual reina de Holanda. Hablar de descanso para Macri es relativo, ya que comienza un año con mucho movimiento político y con la necesidad de no cometer errores rumbo a los cruciales comicios de medio término.

Al Presidente lo desvela el rumbo del gobierno. Hay quejas del ala “liberal” de la administración en el sentido de que “se peronizó”, por su buen trato con sindicalistas y con movimientos piqueteros, que se puso de manifiesto en los acuerdos políticos más significativos de los últimos tiempos: Ganancias y Emergencia Social.

El ala “conservadora” del gobierno pone paños fríos y explica a quien quiera escuchar que el gobierno no se peronizó, sino que tuvo que llegar a acuerdos en un Congreso donde no tiene mayorías. Hablando de gremios y piqueteros, el Presidente recibe cada día más presiones, incluso dentro de su equipo, para que comience a ordenar el enorme problema que significan los piquetes y cortes de calles, que prometieron reducir en la campaña, pero que de momento sólo quedó en eso: una promesa incumplida.

Macri sabe que todo gobierno debe tener algún elemento de “peronismo” si quiere gobernar en la Argentina, aunque también sabe que el tan ansiado despegue de la economía dependerá de las esperadas inversiones. Sabe Macri que los empresarios ponen plata con un horizonte de cinco o diez años, y muchos ya están preguntando quién ganará en 2017 para ver si desembarcan en el país.

También meditará mucho el presidente sobre el “modelo” económico, que a costa de bajar un poco la inflación frenó el consumo. Algo de esta fórmula debería empezar a cambiar este año donde a la gente se le pedirá el voto y es conveniente que ese momento encuentre a la sociedad económicamente feliz.

El peronismo juega

Por supuesto que el Presidente comprende que el resultado de una elección, como en una partida de ajedrez, no sólo depende de cómo mueva uno sino de lo que haga el rival. El peronismo está agazapado y ya calienta motores para lo que imaginan puede ser su revancha tras haber perdido en 2015 la ciudad de Buenos Aires, la provincia homónima y el país.

Tres cachetazos que aún cuesta digerir. Los que promueven el operativo “Todos unidos triunfaremos”, como proclama la marchita, se reunirán el próximo jueves, 29 de diciembre, en un encuentro del PJ bonaerense que servirá para medir la temperatura de qué intención de unidad finalmente hay.

Sciolismo, cristinismo y parte del peronismo bonaerense estarán seguramente presentes, aunque durante el año habrá que ver en qué medida este sector puede encontrar alianzas y puntos en común con los que se presentan como la renovación del partido.

La Legislatura bonaerense será un escenario para seguir el desenlace de estos acuerdos. Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo, Diego Bossio, entre otros, sin contar los que ya se fueron con Massa, también quieren jugar su partido -muchos ya pensando en 2019- aunque quieren hacerlo sin ataduras al pasado kirchnerista.