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Un episodio de tinte casi cinematográfico tuvo lugar en el barrio de Barracas, donde dos integrantes de una familia velaron varios días a su madre en un local donde funcionaba una fábrica de pastas, causando gran conmoción en el vecindario por un lado, y entendimiento por el otro, debido a que este clan llevaba adelante una tradición italiana.

El hecho tuvo lugar en un local (que ya no funciona desde hace años) ubicado sobre la avenida Montes de Oca al 1.000, donde antiguamente funcionaba una reconocida fábrica de pastas y tras la muerte de su dueño Cosme, bajó la persiana y sólo quedaron sus muebles y máquinas.

Sin embargo, su hija María y su esposa Mariana Circosta lo abrían todos los días para “tomar mate” o bien como una especie de tradición que respetaron a rajatabla.

El episodio es que Mariana, de 90 años y nacionalidad italiana, falleció en el hospital Argerich días atrás por causas naturales y aquí continuó la historia con cierta rareza. Es que según María “mi mamá me había pedido que la velara acá en el negocio como lo hicimos con mi padre. Si fuera por mi, la velaría todo el año porque era su petición. Nosotros siempre fuimos gente honesta y trabajadora, u nunca nos metimos con nadie, lo único que pido es que nos respeten. Hay una persona que vive en un departamento de al lado que la volvía loca a mi mamá, y por eso, pasó esto. Mi mamá era una mujer muy solidaria y ayudaba a todo el mundo”.

Lo cierto, es que algunos moradores del barrio como Juana argumentaron que “desde el domingo que está el cuerpo ahí, y la gente que pasaba veía la persiana abierta con el féretro adentro, era muy fuerte para cualquiera que pasara por la puerta. Además, desde que murió el hombre (en alusión a Cosme) siempre vestían de negro todo el día. No sé que va a pasar a partir de este momento porque ella (por María) es una mujer que reacciona y puede ponerse violenta”.

La confusión entre la supuesta tradición y algún desequilibrio mental, alimentó el morbo en el barrio con personas que se acercaba a seguir de cerca lo que ocurrió adentro del local de Barracas, hasta que efectivos policiales de la comisaría 26° ingresaron al sitio y hablaron con María y su hermano (visiblemente conmocionado), para intentar tranquilizarlos y que depongan su actitud.

Esto ocurrió a media mañana del jueves, cuando finalmente un automóvil de una cochería se llevó el ataúd de la mujer y lo condujo con destino final al Cementerio de Flores, donde tuvo su descanso final.