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7 de junio de 2020

"El mundo de hoy es muy difícil de informar y también de vivir"

El sociólogo argentino pide no confundir deseo con evidencia a la hora de pensar el mundo postpandemia. Además, reivindica el periodismo de datos, que informa y contextualiza. Waisbord habló con Télam desde los Estados Unidos sobre conocimiento, periodismo y racismo en tiempos de coronavirus.

A la angustia e incertidumbre le siguen la necesidad de ver un camino posible, una perspectiva sino mejor al menos tranquilizadora. Algo de esto ocurre desde que la pandemia desatada por el Covid-19 se instaló entre nosotros. Filosofos, pensadores, periodistas y opinadores arriesgan certezas sobre “el mundo que viene”, como si tal cosa fuera posible.

Ante las voces que vaticinan utopías o distopías por doquier, casi como un destino inexorable del mundo postandemia, el sociólogo argentino Silvio Waisbord pide calma. Reivindica la necesidad de pensar el futuro pero reclama no confundir deseo con pensamiento riguroso, información con casos sin contexto. 
 
“El mundo de hoy no solo es muy difícil de informar sino también de vivir. De ahí mi frustración cuando escucho a quienes hablan con una certidumbre que no se corresponde con las incógnitas que tenemos”, dice Waisbord en diálogo telefónico con Télam desde los Estados Unidos, país en el que vive desde 1987.
 
Profesor en la Escuela de Medios y Asuntos Públicos en la Universidad George Washington desde hace trece años, Waisbord asegura que “todo buen periodismo es un periodismo de datos” y advierte sobre los desafíos que para periodistas y medios implica la “información, desinformación y trascendidos” que circulan por las redes sociales.
 
Escritor y editor de casi una veintena de libros sobre periodismo, política y comunicación, el autor de “Vox populista” tambien analiza las protestas “contra la violencia policial y el racismo estructural” que estallaron en los Estados Unidos por el asesinato de George Floyd.
 
“Trump ha quebrado todas las normas de la política norteamericana”, advierte Waisbord, para quien las protestas contra el racismo colocan a la primera potencia mundial ante “una situación muy volátil donde cualquier cosa puede ocurrir”.
 
- Algunos filósofos y pensadores se lanzaron a postular “el mundo que viene”, con perspectivas que van desde la segura caída del capitalismo hasta la reafirmación del orden actual, ¿cómo hay que leer estas reflexiones sobre el futuro?
- La tentanción a la especulación es enorme pero creo que es necesario hacer un llamado a la humildad. Es necesario especular sobre el futuro pero hay que hacerlo con mucho cuidado porque sino se expresan deseos más que pesamientos rigurosos, que es lo que nos compete a quienes trabajamos con conocimiento, tanto en el periodismo como en la Academia.
 
- Aún con recaudos, ¿qué se puede observar?
- Las tendencias son bastantes funestas. Es dificil encontrar evidencia para un futuro mejor. Estamos viendo gobiernos que no solamente están ignorando la pandemia sino también su costo social, en una continuación de las sociedades en las que vivíamos antes del Covid-19. Es dificil pensar que estas cuestiones estructurales se puedan revertir como resultado de la pandemia. Creo que de hecho los sectores más reaccionarios están redoblando la apuesta.

Es dificil encontrar evidencia para un futuro mejor. Estamos viendo gobiernos que no solamente están ignorando la pandemia sino también su costo social


 
- Usted escribió que decir “no tenemos certezas”, “hay varios escenarios posibles” o “es complicado” carece de encanto ¿Esto supone la necesidad de repensar cómo informar y cómo leer en este contexto?
- Creo que el problema no es solamente el periodismo, que trata de manejarse a partir de contrastes, al que no le gusta reportar la imprevisibilidad porque es algo incierto y trabaja reportando hechos. La ciencia, que sí puede hablar con palabras definitivas, solo lo puede hacer cuando hay evidencia abrumadora. Entonces el ruido no es solo respecto a la prensa sino a la necesidad de certezas en general. Estamos ante una situación muy dinámica, que puede cambiar muy rápidamente, y esto no solo es muy difícil de informar sino también de vivir. De ahí mi frustración cuando escucho a quienes hablan con una certidumbre que no se corresponde con las incógnitas que tenemos. Yo entiendo que va en contra de la tendencia “decime ahora lo que está pasando y lo que va a pasar”. El tema es cómo nos manejamos con eso.     
 
- ¿Cómo se está informando? ¿Qué papel están despeñando los medios de comunicación en la pandemia?
- Creo que hay puntos fuertes, muy buenos, tanto en los Estados Unidos como en Argentina y América Latina, con información cuidada, que trata de no ser sensacionalista, de cotejar, contextualizar, que informa lo que dicen los gobiernos pero manteniendo cierta distancia. También hay un periodismo que va detrás de la noticia más sensacionalista, del conflicto, que no contextualiza. Después hay flujos de desinformación muy fuerte, donde el periodismo está viendo cómo se planta frente a eso, a información que es propaganda y que está siendo distribuida para desinformar y confundir a la gente. Si a eso le sumas los medios sociales, con su información, desinformación y trascendidos, es un panorama muy delicado.

- Ante esa vorágine, ¿se va a exigir cada vez más un periodismo de datos?
- Ojalá, pero lo que muestran los estudios recientes es que los datos son leídos, interpretados y compartidos en medios sociales de forma selectiva, cuando confirman lo que la gente ya piensa. Hay casos excepcionales con una posición más neutral frente a los datos o dispuesta a cambiar de opinión ante estos. Pero lo que predomina es leer información a partir de prejuicios existentes.  

Lo que predomina es leer información a partir de prejuicios existentes


 
- ¿Esto también puede complicar a los gobiernos?
- La información en la pandemia está muy anclada en entidades colectivas, partidarias, religiosas, etc. Después de una breve luna de miel en la que sube la confianza en los gobiernos hay una reversión hacia la polarización. Los que apoyan a un gobierno creen lo que ese gobierno dice y lo que están en contra lo niegan, más allá de que el gobierno diga cosas que son empíricamente verificables. Es difícil para un gobierno sostener su credibilidad, más allá de la calidad de información que provea, ya que está operando en una opinión pública bastante polarizada y activa en los medios sociales. Esto se ve en la mayoría de los países de América Latina.
 
- ¿La principal tarea del periodista hoy es volver a los principios que le dieron origen a la profesión?
- Todo buen periodismo es un periodismo de datos. De datos que tienen que ser verificables, comprobables, chequeables. Esa es una verdad que tiene vigencia. En una situación como esta es también muy importante dar contexto, dar información que no sea solo casos aislados. Es cierto que esto es muy difícil cuando trabajás a contrareloj y con limitaciones de recursos, por eso creo que el qué hacer del periodismo es inseparable de las condiciones de trabajo.  
 
- Las manifestaciones y protestas en los Estados Unidos en repudio al asesinato de George Floyd ¿son parte de lo viejo, de lo nuevo o de lo que viene?
- Creo que es una continuación de lo que ya viene en el sentido de una movilización contra la violencia policial y el racismo estructural. Lo que vemos es una continuación de las marchas de las últimas dos décadas por los derechos de los afroamericanos. Pero ahora lo que sorprende es la masividad. El jueves pasado hubo protestas en más de 300 ciudades. También la continuidad, ya que son marchas que están durando más días que en el pasado. Antes para bajar la intensidad a las protestas se procesaba a los policías pero eso ahora ya no alcanza.     
 
- ¿Qué características tienen estas marchas respecto a protestas anteriores contra el racismo?
- Son protestas donde no hay líderes visibles. No es que un alcalde o un gobernador que quieran hacer algo se van poder sentar con alguien para tomar decisiones. Esto hace que el desarrollo de la protesta sea más incierto. A lo que se suma la situación de pandemia, con índices de desocupación con niveles inéditos desde la depresión de 1929 y con un líder en la Casa Blanca que está permanentemente echando nafta al fuego, ya que su apuesta política es presentarse como el líder de la mano dura frente al caos y la violencia de cara a las elecciones presidenciales de noviembre.
 
- ¿Cuánto pueden cambiar a los Estados Unidos las protestas en las calles?
- Estados Unidos es bastante predecible y ha entrado en un cauce incierto, muy diferente a lo que sucedió en las últimas décadas. Trump ha quebrado todas las normas de la política norteamericana, en parte por su estilo personal, en parte porque el Partido Republicano está mucho más a la derecha que cualquier partido de la derecha europea. Entonces hay una situación muy volátil donde cualquier cosa puede ocurrir. Hoy en día, por ejemplo, Washington es una ciudad militarizada, algo totalmente inusitado.


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